martes

Líbranos del mal

Una vez más volvemos a La Ciénaga, pero esta vez, aunque no tan diferente, desde otro mundo; volvemos al aire del interior del país a sumergirnos entre las costumbres, las expresiones y la religiosidad tan particular de las provincias para entrar en una historia tan martelesca como su primer film.

Todo comienza con la llegada del Dr. Jano (Carlos Belloso), al Hotel Termas para asistir a un congreso de Otorrinolaringología donde viven Amalia (María Alché) y su madre Helena (Mercedes Morán), en las afueras de La Ciénaga.

La voz hermosísima del canto de la maestra de catequesis hasta el borde de la emoción abre la escena en que Amalia junto a su mejor amiga Josefina (Julieta Zylberberg) comienzan a buscar su vocación en el plan divino. Las respuestas a ¿Qué quiere Dios de mí? y ¿para que Dios me trajo al mundo? serán buscadas a lo largo del relato por ambas adolescentes en pleno desarrollo desde esa clase de catequesis en donde la maestra alienta a escuchar el llamado.

En el transcurso de la película se irán entretejiendo múltiples y particulares relaciones entre los personajes: Helena, divorciada, y el Dr. Jano, casado, irán acercándose cada vez más conjunto a la intervención de Amalia que seduce histéricamente al Dr. Pero este particular triángulo sentimental, que a simple vista pareciera telenovelesco es clave en la historia de santidad que Amalia busca desde su catequesis con escuchar la señal de Dios.

Mientras escuchan entre una multitud un espectáculo callejero de aquel raro instrumento vibratorio, el Dr. Jano toca a Amalia. De esta forma la niña santa descubre su propio cuerpo en desarrollo y se ilumina de su plan divino: salvar al hombre del pecado de la sexualidad. Así es que buscándolo histéricamente logra generar un silencioso escándalo por todo el Hotel y separarlo de Helena.

No es casual que en Martel una vez más todo gire en torno al sonido, casi haciendo una historia paralela: escuchar el llamado, el doctor en otorrinolaringología, el instrumento del músico callejero e incluso la misma Helena tiene problemas auditivos por haber sido nadadora profesional. Así, la directora salteña nos va llevando nuevamente por una historia de suspenso silencioso entre medio del aturdimiento, entre ambigüedades tales como la doble vida del Dr. Jano, entre amontonamientos lujuriosos que no llegan a ninguna definición y entre enfermedades y plagas que contagian todo el film, haciéndonos hundir cada vez más en la misma ciénaga en que, una vez comenzado el recorrido de la historia, ya no hay vuelta atrás.

LA NIÑA SANTA (2004)
Guión y Dirección: Lucrecia Martel
Mercedes Morán - Carlos Belloso - María Alché

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